Corría el mes de octubre de 1990. Un temporal de viento y nieve azotaba la Cordillera de los Andes. Un grupo de 9 montañistas con poca experiencia iniciaba el ascenso al volcán Lanín. Su entusiasmo los empujó a seguir; también su falta de conocimiento. Cayeron por una canaleta de nieve y hielo a 1 hora de la base del volcán. Desorientados esperaban que su guía o alguien los saque de ese infierno. Varios grupos intentaron llegar, pero el temporal no los dejó. Solo 2 rescatadores que lograron vencer el clima, organizan y asisten a los accidentados hasta la mañana, momento en el que finalmente fueron evacuados. Murieron cuatro de los nueve montañistas. Uno por trauma y 3 por hipotermia
¿Han muerto por hipotermia?. ¿Tendrían los accidentados alguna probabilidad de sobrevivir con la asistencia médica local o regional?. ¿Las normas de medicina urbana servirán para asistir a víctimas en lugares alejados? ¿Sabemos asistir a una paciente con hipotermia?. ¿Qué nos han enseñado sobre este tema?.
La infructuosa búsqueda de estas respuestas en la Argentina me obligaron, no sin sacrificios, a descubrirlas en otros países.
Así, en 1994, mediante un precario correo electrónico, conocí al Dr. Keith Connover de Pittsburg (USA), director del WEMSI (Wilderness Emergency Medical Service Institute), una organización dedicada a la investigación y enseñanza de Medicina Silvestre, con una vasta trayectoria en este tema. Invitado por Connover participé del curso de Técnico en Emergencias Médicas en Medio Silvestre en los Montes Apalaches.
Pero había aún más personas dedicadas a esta nueva rama de la medicina. Y también conocí al Dr. Hackett, director del Denali Medical Research Project en el Monte McKinley, autor de múltiples estudios sobre fisiología y patología de la altura desde el año 1985.
Y de esta manera se fueron abriendo puertas y resultó que la UIAA (Union Intenationale des Associtiones d'Alpinism) tenía una comisión médica, y la ICAR (International Comisión for Alpine Rescue) también, y existía además la ISMM (International Society for Mountain Medicine) fundada en 1985.
Ávido de conocimientos tomé contacto con cuanta organización pudiera ayudarme a dar respuestas a los crecientes problemas de salud en nuestras montañas.
La cima se divisaba claramente, debíamos reemplazar la frase: "hice lo que pude" por: "hice lo que debía hacer".
¿Pero cuál era el camino más adecuado hacia esa preciada cumbre? ¿Podríamos los argentinos ser capaces de investigar, evaluar, protocolizar y participar en foros internacionales así como dar nuestra opinión sobre los problemas de salud en la montaña? ¿Habría otros argentinos interesados en esto? Asustaba un poco la paradoja de ver una cordillera tan vasta y prestigiosa, en un país donde las sociedades médicas existentes carecían de conocimientos sobre los problemas de salud que nuestras montañas originaban.
En Julio de 1999 apareció una carta de lectores en el Newsletter del ISMM que me dio la respuesta: el Dr. Carlos Pesce de Buenos Aires escribía aclarando la posición geográfica del Aconcagua (un artículo publicado en el número anterior de dicho newsletter lo situaba en territorio chileno). Y a los 15 minutos de terminar la lectura lo llamé.
Junto con Carlos fuimos descubriendo que no estábamos solos: la Licenciada Andrea Varela y el Dr. Ramón Chiocconi en Bariloche, miembros de la Comisión de Auxilio de Montaña del Club Andino Bariloche; el Dr. Jorge Ibarra responsable de la atención médica en el Monte Aconcagua; Diego Magaldi con sus cursos de Socorrismo, los Pisteros Socorristas, las escuelas de guías con capacitación en Primeros Auxilios y mucha gente más interesada en esto.
En abril del 2001 éramos 12 y fundamos la Sociedad Argentina de Medicina de Montaña en Villa La Angostura, la décima sociedad de medicina de montaña del mundo.
Ya no somos 12, hemos descubierto que existen muchos argentinos más que pueden y desean investigar, enseñar, evaluar protocolos, discutir normas internacionales, participar en la prevención de problemas de salud en la montaña, rescatar con mayor eficiencia, asistir con normas médicas propias en las pistas de ski, etc.
La amplia y heterogénea participación lograda en el "Primer Congreso Argentino de Medicina de Montaña y Fisiología de la Altura" organizado por la SAMM en Mendoza el año pasado, es un ejemplo de ello.
La Medicina de Montaña es una especialidad y la Sociedad Argentina de Medicina de Montaña está entre nosotros para quedarse y desarrollarla.
Los invito a que trabajemos juntos. Está TODO para hacer.
Bienvenidos.
Dr. Marcelo Parada
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