El
presente folleto está dedicado
a todas aquellas personas que
deseen desarrollar actividades
en la altura, ya sea deportivas,
turísticas o laborales;
con la finalidad de que conozcan
y prevengan, en lo posible, la
aparición de los problemas
que surgen desde el punto de vista
nutricional en dichos lugares. Se
hace principal hincapié
en los trastornos de la hidratación
y su profilaxis
Modificaciones
Metabólicas en la Altura
Adecuación de la Nutrición
y la Hidratación en la Práctica
de los Deportes de Montaña
Dr. José
Carlos Pesce
NOTA:
El presente folleto está
dedicado a todas aquellas personas
que deseen desarrollar actividades
en la altura, ya sea deportivas,
turísticas o laborales; con
la finalidad de que conozcan y prevengan,
en lo posible, la aparición
de los problemas que surgen desde
el punto de vista nutricional en
dichos lugares. Se hace principal
hincapié en los trastornos
de la hidratación y su profilaxis.
Los individuos que
ascienden a alturas superiores a
los 4200 metros sobre el nivel del
mar (msnm) sufren casi irremediablemente
una pérdida ponderal que
puede llegar hasta un 15 % del peso
corporal total. La causa más
importante es la pérdida
del apetito que aparece como resultado
de la exposición a las alturas
muy grandes o extremas.
La reducción en el aporte
calórico y la alta demanda
energética ponen en funcionamiento,
en condiciones normales, vías
metabólicas capaces de recurrir
a las reservas con que cuenta el
organismo para paliar circunstancias
de esta naturaleza, este fenómeno
parece no cumplirse correctamente
en la altura.
Como mencionamos previamente la
causa principal de la pérdida
de peso es la reducción del
aporte calórico en la dieta
secundaria a la pérdida del
apetito, pero a este factor se suman
otros, como alteraciones de la absorción
intestinal de los nutrientes, la
insuficiente reposición de
líquidos y alteraciones en
el funcionamiento de la insulina
(hormona imprescindible para el
ingreso de la glucosa a la mayoría
de las células y para el
metabolismo de las grasas).
Esta compleja alteración
metabólica, aparentemente
de difícil resolución,
puede desencadenar cuadros de severa
desnutrición en escaladores
extremos, que pueden verse seriamente
complicados ante situaciones en
las que la vida depende de una adecuada
respuesta energética y física.
Dichos problemas pueden agravarse
aún más en algunos
remotos lugares del Mundo, considerados
verdaderos paraísos del montañismo
de elite como Nepal, Pakistán
o China, donde los alimentos autóctonos
distan mucho de coincidir con los
gustos occidentales, y las condiciones
de preservación de los mismos
no siempre son las más adecuadas.
Las infecciones gastrointestinales
como las salmonelosis, giardiasis,
amebiasis, y en algunos lugares
el cólera, pueden ennegrecer
todavía más el panorama
y frustrar la expedición
más soñada.
Intentaremos en este capítulo
resumir las modificaciones nutricionales
y metabólicas que se sufren
en la altura, y propondremos algunas
pautas básicas para la posible
corrección de las mismas.
2)
COMPOSICION Y PESO CORPORAL. MODIFICACIONES
EN LA ALTURA:
Básicamente
podemos dividir la estructura corporal
en cuatro componentes: el óseo,
el visceral, el muscular, y el graso.
Desde el punto de vista nutricional
y metabólico toman relevancia
sólo los dos últimos;
ya que son los que sufren las modificaciones
más importantes en relación
con el aporte calórico y
con el grado de demanda energética
que se requiera, en función
de la actividad que el individuo
desarrolle.
Genéricamente podemos decir
que los individuos entrenados con
una buena base aeróbica,
presentan un porcentaje graso que
oscila entre el 10 y el 15%, y un
porcentaje muscular que va del 47
al 50% del peso corporal total.
Un rápido ascenso a grandes
alturas se acompaña generalmente
de falta de apetito (anorexia),
esto provoca disminuciones en el
aporte calórico y en la ingesta
de líquidos, con la consiguiente
caída del peso corporal.
La exposición continua a
alturas entre los 1500 y 4200 msnm,
se acompaña de una pérdida
ponderal progresiva, que cesa después
de transcurridas varias semanas.
Por encima de los 5500 msnm, el
adelgazamiento puede hacerse progresivo
mientras el individuo permanezca
expuesto a dichas alturas. En todos
los casos la disminución
del peso guarda una relación
estrecha con la anorexia.
Estudios recientes parecen confirmar
la presencia de un mecanismo neuroendócrino
en relación con la pérdida
de peso y la anorexia en la altura.
Se han demostrado en varios trabajos
científicos realizados en
la altura, niveles elvados de un
polipéptido denominado leptina
(nombre derivado de la palabra griega
"leptos" que quiere decir
"delgado"); esta sustancia
es un potente anorexígeno
endógeno, que posee además
efectos estimulantes sobre el metabólismo.
Aparentemente el aumento de los
niveles de leptina tendría
un papel protagónico en la
pérdida de peso corporal
en los andinistas extremos.
Un fenómeno parecido se demostró
con otro potente inhibidor del apetito
llamado Colecistocinina, que eleva
significativamente sus niveles sanguíneos
tras la exposición a la altura.
Habitualmente, a nivel del mar,
la pérdida de peso corporal
en un individuo que hace actividad
física se produce a expensas
del tejido graso. En algunos casos
especiales, como la exposición
a la altura extrema, la atrofia
muscular puede asumir un papel importante.
Los estudios realizados en una expedición
norteamericana al Monte Everest
en 1977, pueden mostrar gráficamente
lo expresado más arriba.
En dicha expedición los participantes
recorrieron una distancia de 250
km para llegar al campamento base
ubicado a 5400 msnm; utilizaron
aproximadamente 23 días para
completar el trayecto y perdieron
casi un 3 % de su peso. A partir
de allí, tras permanecer
26 días a una altura superior
a los 5400 msnm, la pérdida
de peso corporal se incrementó
en un 200 % respecto de lo observado
en la primera etapa. Al finalizar
la expedición los integrantes
habían sufrido una pérdida
ponderal que oscilaba entre el 9
y el 12 % del peso inicial.
Un resultado similar se pudo observar
en un importante estudio realizado
en cámara hipobárica,
el Operativo Everest II; donde se
simularon las condiciones atmosféricas
de la cima del monte más
alto del Mundo, y se sometió
a los participantes a un régimen
preestablecido de actividad física
que pretendió asemejar las
demandas de la escalada; al finalizar
el mismo los participantes presentaron
una pérdida ponderal promedio
del 9%; debe tenerse en cuenta que
durante este estudio los voluntarios
que participaron no sufrieron exposición
alguna a inclemencias climáticas,
y la dieta que recibieron se adecuó
a los gustos de cada uno. Llamativamente
al analizar cuál era la participación
de los distintos componentes corporales
en la caída del peso total,
se pudo observar que el componente
graso sólo era responsable
de un tercio de la pérdida
ponderal y que el principal afectado
había sido el tejido muscular.
La reducción observada en
la ingesta calórica al llegar
a los niveles más bajos de
presión atmosférica,
fue superior al 40 %; a pesar de
que se contó con la posibilidad
de adecuar la dieta a los gustos
de cada uno de los participantes
del estudio, hecho difícil
de lograr en el contexto de una
expedición verdadera. Otros
estudios realizados en exposiciones
reales a la altura, como los hechos
en una expedición al Lhotse
y otra al Pikes Peak, mostraron
resultados semejantes a lo observado
en el Everest II.
Para resumir podríamos decir
que la exposición a las alturas
grandes y extremas produce disminución
del peso corporal, la principal
causa de esto es la reducción
de la ingesta calórica secundaria
a la anorexia, ésta estaría
en estrecha relación con
el aumento de los niveles séricos
de leptina y colecistocinina. La
permanencia prolongada en alturas
extremas produce una irremediable
y progresiva pérdida ponderal,
y la misma se lleva a cabo principalmente
a expensas de los componentes muscular
y graso.
3)
MODIFICACIONES METABOLICAS EN
LA ALTURA:
La
exposición a la altura
desencadena una serie de alteraciones
hormonales y metabólicas
que desempeñan un papel
preponderante en las modificaciones
de la composición corporal
que hemos descripto en el ítem
anterior.
La insulina, una hormona fundamental
en el metabolismo de los hidratos
de carbono y los lípidos,
ve alterado su funcionamiento
en la altura. Probablemente como
resultado del incremento en el
plasma de los niveles de catecolaminas
(adrenalina y noradrenalina),
y de los corticoides endógenos
(cortisol), la insulina no puede
cumplir bien sus funciones, y
como resultado de esto, al no
disponerse de glucosa ni de lípidos
para la obtención de energía,
el músculo recurre a la
fuente más cara que posee:
las proteínas; conformando
una situación que podríamos
denominar "autocanibalismo";
este fenómeno podría
verse agravado por la elevación
de los niveles de leptina en plasma,
por el efecto estimulante que
esta sustancia posee sobre el
metabolismo basal.
El fenómeno observado con
la insulina es un factor más
en un contexto nutricional de
por sí grave, ya que la
falta de aporte calórico
que mencionábamos más
arriba, desencadena por sí
misma, fenómenos de destrucción
proteica para la obtención
de energía, y si a esto
le sumamos una limitación
a la utilización de la
glucosa y los lípidos como
fuentes energéticas, el
cuadro resultante se presenta
como metabólicamente perverso.
La adecuación precisa del
aporte nutricional, teniendo en
cuenta las modificaciones metabólicas
imperantes, puede disminuir el
impacto que el "autocanibalismo"
provoca sobre la masa muscular.
Como es sabido, los niveles de
ácido láctico (residuo
de la glucólisis anaeróbica)
se incrementan en la sangre y
en el músculo con el ejercicio
progresivo, y llega a valores
máximos a los pocos minutos
de agotarse. Los estudios realizados
en la altura demostraron que,
paradójicamente, los niveles
de lactato a los que se llegaba
luego de un ejercicio máximo
eran menores que los que se lograban
a nivel del mar con protocolos
similares. Paralelo a esto, se
observó también
un descenso del consumo de oxígeno
máximo y de la cantidad
de trabajo realizado; estos dos
hallazgos resultaban esperables
dada la baja presión parcial
de oxígeno imperantes en
la altura. El fenómeno
observado con el lactato merecía
una explicación más
detallada ya que era dable de
esperar un incremento de la glucólisis
anaeróbica en la altura,
hecho que evidentemente no se
cumplía.
Múltiples teorías
intentaron explicar la "Respuesta
Paradojal del Lactato", se
habló de aceleración
en la metabolización por
optimización del funcionamiento
enzimático, y de alteración
en la actividad contráctil
del músculo, que al no
poder contraerse consume menos
cantidad de substrato (glucosa)
y produce menos residuo (lactato).
Aparentemente en la altura el
mecanismo por el cual se origina
la fatiga difiere del observado
a nivel del mar. Tras un ejercicio
intenso a nivel del mar, la percepción
de fatiga se acompaña de
acumulación de lactato
y amonio en el músculo
y en la sangre, con alteración
del equilibrio ácido base
(acidosis metabólica).
En alturas extremas el agotamiento
no parece originarse de la acumulación
de estas sustancias, aparentemente
hay una mala utilización
de los substratos de energía,
ya que los niveles de glucosa
y de ácidos grasos libres
permanecen por encima de los valores
normales, esto indicaría
una incapacidad celular para metabolizar
la glucosa y los lípidos,
reflejada a través de la
disminución de los residuos
metabólicos de ambas sustancias.
La fatiga no llegaría como
consecuencia de la acumulación
de residuos metabólicos
sino como resultado de la imposibilidad
de utilizar los substratos para
la obtención de energía.
En resumen, las modificaciones
metabólicas observadas
en la altura parecen provocar
incapacidad en el músculo
para la utilización de
los nutrientes en la producción
de energía, principalmente
los hidratos de carbono (glucosa)
y los lípidos (ácidos
grasos libres). La escasa ingesta
en relación con la demanda
energética (efecto leptina-colecistocinina),
y la resistencia a la insulina,
parecen tener un papel protagónico
en la aparición de estos
trastornos.
4)
ALTERACIONES DE LA ABSORCION INTESTINAL
EN LA ALTURA:
Resultados
contradictorios se han observado
en distintos estudios realizados
en animales y humanos expuestos
a la altura, con respecto a la
absorción intestinal de
nutrientes.
Algunos investigadores postulan
que existe una alteración
de la absorción intestinal
tanto de proteínas como
de lípidos, y consideran
que este trastorno se debe a alteraciones
de la irrigación intestinal.
Estos científicos basan
sus aseveraciones en el hallazgo
de niveles elevados de lípidos
y proteínas en la materia
fecal de aquellos que se encuentran
expuestos a alturas superiores
a los 4200 msnm.
Estudios más recientes,
y probablemente más precisos
descartan la posibilidad de una
mala absorción intestinal
de nutrientes y postulan que la
pérdida de peso de los
montañistas extremos se
debe fundamentalmente a un defecto
del metabolismo y a la reducción
del aporte calórico de
la dieta.
Los cuadros de distensión
abdominal y meteorismo (flatulencias)
observados en la altura, que podrían
ser adjudicados en principio a
una mayor fermentación
de los hidratos de carbono en
la luz intestinal, tienen su origen
seguramente en los efectos de
la baja presión atmosférica
sobre el volumen de los gases,
y no en una mayor producción
de los mismos.
5)
ADECUACION DE LA HIDRATACION EN
LOS DEPORTES DE ALTURA:
La
deshidratación es uno de
los riesgos potencialmente graves
a los que se encuentran expuestos
los montañistas, la alta
frecuencia con que se observa
este tipo de trastorno en la altura
merece que se le preste especial
atención, ya sea para evitar
la instalación del mismo
o para detectar su presencia en
forma precoz y así prevenir
la aparición de sus deletéreas
complicaciones.
La pérdida de líquidos
se ve favorecida por la hiperventilación,
la sudoración profusa y
el incremento del volumen urinario;
a estos factores se suman la disminución
de la ingesta de líquidos
secundaria a alteraciones en la
capacidad del individuo para percibir
de la sed y las nauseas que pueden
aparecer como manifestación
del Mal Agudo de Montaña.
Múltiples trabajos estudiaron
la pérdida de peso que
sufren las personas expuestas
a alturas superiores a los 4200
msnm. Se estimó que un
individuo pierde en el transcurso
de los primeros cuatro días
de estadía a dichas alturas
un promedio de 2,4 Kg, de los
cuales prácticamente el
100% corresponden a pérdida
de líquidos. Con el paso
del tiempo la caída del
peso corporal se acentúa,
y después de los 12 días
de permanencia a alturas muy altas
o extremas (>4200 msnm) el
promedio de pérdida ponderal
se halla en 3,75 Kg, de los cuales
casi el 50% corresponde a líquidos.
Como mencionábamos más
arriba, la hiperventilación
es un importante mecanismo de
pérdida de agua en la altura.
Se calcula que por encima de los
6000 msnm se pierden a través
del tracto respiratorio entre
750 y 1500 ml por día,
dependiendo esta variación
del nivel de actividad física
que desarrolle el individuo. Un
ejemplo gráfico de la importancia
que tienen en la altura las llamadas
pérdidas insensibles (sudoración
y respiración), lo marca
lo observado con Hillary y Lowe
durante la primera ascensión
al Monte Everest; estos escaladores
bebieron entre 3 y 5 litros de
líquidos por día
entre los 6000 y los 7000 msnm,
y orinanron un promedio diario
de 1,3 litros, lo que demuestra
una pérdida insensible
promedio de aproximadamente 2,5
litros diarios.
La exposición a la radiación
solar y al viento incrementa la
pérdida de líquidos
a través de la piel. Puede
calcularse groseramente que un
andinista que moja su ropa interior
en transpiración luego
de una actividad determinada,
pierde cerca de 1 litro de agua.
Muchos investigadores han notado
una disminución franca
de la sed en la altura, es como
si el sistema nervioso no recibiera
la información de lo que
está sucediendo con el
agua corporal; este fenómeno
complica aún más
el ya de por sí complicado
cuadro hidroelectrolítico,
sumando puntos a favor de la deshidratación.
Estudios en animales demostraron
que existe un aumento de la eliminación
de sodio y agua a través
del riñón, como
consecuencia de la hipoxia. El
mecanismo por el cual se produce
este fenómeno parece estar
mediado por hormonas y la participación
de los sensores de los niveles
de oxígeno en la sangre
(quimiorreceptores) ubicados en
la carótida y en la aorta,
parece ser fundamental.
El frío puede incrementar
la eliminación de orina
por dos mecanismos, uno hormonal,
por inhibición de los efectos
de una hormona llamada antidiurética,
y otro hemodinámico, vinculado
con el incremento del flujo sanguíneo
renal secundario al desvío
de sangre desde la piel hacia
los órganos vitales (cerebro,
pulmón, corazón,
riñón), como resultado
de la vasoconstricción
de los vasos periféricos
(piel) que las bajas temperaturas
provocan.
Los efectos que la deshidratación
puede provocar sobre los andinistas
suelen ser graves y potencialmente
peligrosos. Se ha demostrado la
asociación de síncope,
hipotermia, congelaciones, letargo
y apatía en relación
con la deshidratación,
así como una mayor frecuencia
de problemas trombóticos.
En muchos lugares se recomienda
el uso de tabletas de sal como
complemento de la hidratación;
en general no consideramos beneficioso
el uso de las mismas, ya que el
tipo de pérdida hídrica
que sufre el andinista es fundamentalmente
a expensas de agua libre, salvo
en aquellos casos donde la sudoración
sea excesiva la reposición
de sales no debe superar la que
se obtiene con las bebidas de
uso corriente (jugos, agua mineral)
o de la solución que se
obtiene de la combinación
de agua de deshielo (nieve o hielo
derretido) y sales de rehidratación
oral de la OMS. Por otra parte
el uso de tabletas de sal en la
altura extrema puede agravar la
hemoconcentración y desencadenar
problemas electrolíticos
graves.
Debe tenerse en cuenta que las
infusiones como el té,
el mate o el café, si bien
tienen un efecto estimulante sobre
el sistema nervioso que puede
ser beneficioso, poseen efecto
diurético, por lo que en
caso de beberlas, no lo haga en
abundancia y no las contabilice
dentro del volumen total de líquidos
ingeridos por día.
La recomendación básica
es muy simple en comparación
a la complejidad del cuadro descripto,
los montañistas deben beber
la cantidad suficiente de líquidos
como para mantener la emisión
de orina clara y abundante (no
menor a un litro por día);
para lograr esto no se debe esperar
a tener sed para beber, la hidratación
en la altura debe implementarse
a través de un programa
enteramente pautado y dosificado,
se deben tomar líquidos
en raciones no muy grandes por
ingesta y frecuentemente, no se
debe dejar pasar más de
una hora sin beber. Durante las
marchas de ascenso deben tomarse
por lo menos 10 tragos de líquido
cada media hora. Hay que tener
siempre líquidos a mano
durante la noche y ante la aparición
de síntomas vinculados
a deshidratación descienda
y reponga líquidos hasta
emitir orina clara y en volúmenes
aceptables, nunca intente iniciar
o continuar el ascenso si se sospecha
la presencia de deshidratación.
6)
ADECUACIONES NUTRICIONALES EN LA
DIETA DE LOS DEPORTISTAS DE MONTAÑA:
Podemos
dividir en cuatro partes el plan
nutricional para las personas
que planeen actividades deportivas
en la altura: un plan alimentario
adecuado a la etapa de entrenamiento
físico, un plan adecuado
a la etapa previa al ascenso,
un plan para la etapa de ascenso
hasta alturas de 4500 msnm y un
plan adecuado a los requerimientos
del ascenso a alturas superiores
a los 4500 msnm.
Un hecho fundamental, que debe
quedar aclarado desde el principio,
es que de nada sirve que se programen
dietas meticulosamente adaptadas
a los requerimientos calóricos
de las distintas etapas, si el
deportista no las va a comer.
Para evitar esto creemos fundamental
al programar una expedición
evaluar los gustos de los integrantes
de la misma y tratar, dentro de
los posible, de satisfacer los
mismos.
Como explicábamos, uno
de los síntomas de la exposición
a la altura es la pérdida
del apetito y si a este factor
le agregamos el aporte de alimentos
que se encuentran reñidos
con los gustos personales de los
integrantes de la expedición
los resultados pueden ser desastrosos.
El recurso más útil
es la consulta con un médico
especialista en nutrición
que tenga experiencia en el manejo
de deportistas, que conozca las
alteraciones metabólicas
que se presentan en la altura
y las dificultades técnicas
que allí se presentan.
a)
Primera Etapa: (duración
aproximada de 6 a 10 meses):
En esta etapa el plan de alimentación
no difiere mucho del que se programa
para cualquier práctica
deportiva que requiera un alto
grado de resistencia aeróbica.
Lo ideal es realizar una consulta
con un médico especialista
que evalúe el estado nutricional
con que se va a iniciar el entrenamiento
(evaluación de los componentes
corporales: porcentajes graso
y muscular); y a través
de una encuesta alimentaria de
7 días determine la calidad,
cantidad y distribución
de la dieta.
Es frecuente escuchar que muchos
entusiastas de los deportes de
montaña en nuestro País
tienen una distribución
de la dieta poco racional, generalmente
no desayunan o lo hacen frugalmente;
al interrogarlos más profundamente
sobre este comportamiento en la
altura llegamos a la conclusión
de que la conducta alimentaria
observada en la montaña
no es otra que la que tienen habitualmente
a nivel del mar. Obviamente es
muy complicado, y hasta se podría
decir que "contraproducente",
tratar de obligar a desayunar
a alguien a 4500 msnm, si no está
acostumbrado a hacerlo en su vida
cotidiana.
Si existe un momento para modificar
conductas alimentarias es durante
el período de entrenamiento,
ya que dichos cambios deben ser
progresivos y la asimilación
de los mismos suele llevar tiempo.
Lo ideal es lograr una dieta balanceada,
que cubra todos los requerimientos
nutricionales y que posea una
distribución adecuada (desayuno,
almuerzo, merienda y cena, y eventualmente
dos colaciones). Las sugerencias
nutricionales deberán ir
acompañadas de normas básicas
para la correcta hidratación.
b)
Segunda Etapa: (duración
aproximada un mes)
Si la etapa anterior se cumplió
en forma correcta el deportista
presentará un porcentaje
graso que oscile entre el 10 y
el 12% y un porcentaje muscular
entre el 47 y el 50%; cifras ideales
para el inicio del ascenso desde
un campamento base. El inconveniente
surge cuando se realiza el trekking
de aproximación, ya que
esta tarea, que requiere de un
trabajo fundamentalmente aeróbico
a alturas intermedias y grandes,
puede producir una merma importante
en las reservas lipídicas
del organismo, llevando el porcentaje
graso a valores por debajo de
los ideales. Esta situación,
cuya intensidad depende de la
distancia que separe los distintos
campamentos base de las zonas
de partida, puede agravar el proceso
de desnutrición que sufre
toda persona al exponerse a alturas
extremas.
La forma de evitar este fenómeno
es a través de un incremento
del porcentaje graso a valores
por encima del aceptado como ideal,
con la idea de consumir estas
reservas durante el trekking de
aproximación al campamento
base, y llegar así al momento
del ascenso con la estructura
corporal ideal.
Otro fin a perseguir durante este
período es el de incrementar
los depósitos musculares
de glucógeno, fuente de
reserva energética fundamental
en cualquier trabajo de alta resistencia.
Esta etapa suele coincidir con
programas de entrenamiento de
gran intensidad pero corta duración
(período específico),
lo que facilita la formación
de reservas grasas gracias a la
reducción de los trabajos
prolongados de resistencia aeróbica.
Esta etapa debe ser prolijamente
seguida por el equipo médico
ya que lograr el equilibrio justo
puede demandar de repetidos controles
antropométricos y ajustes
de la dieta.
c)
Tercera Etapa: (la duración
varía de acuerdo a la distancia
a que se encuentren los campamentos
base)
Este período comprende
la alimentación en el terreno
de práctica del deporte
de montaña (aclimatación
en alturas intermedias, trekking
de aproximación y estadía
en el campamento base). Por los
recursos técnicos y de
infraestructura de los que se
dispone en estos trayectos, la
preparación de los alimentos
puede permitir una relativa complejidad,
imposible de lograr en la etapa
siguiente.
Lo aconsejable para esta etapa
es el consumo de menúes
de 3000 a 3500 Kcal /día.
El peso seco de la comida para
un día por persona de un
menú tipo de este contenido
calórico oscila entre los
4,5 y 5,5 kg. La proporción
de nutrientes debe tener un franco
predominio de hidratos de carbono
(ideal 70%), con una proporción
de lípidos que se aproxime
al 20% y de proteínas del
10%. El contenido de la dieta
debe ser programado en compañía
de un nutricionista y adecuarla
al gusto del deportista, teniendo
en cuenta obviamente las limitaciones
de peso y volumen de la carga
a transportar.
La ingesta hídrica para
esta etapa debe ser cercana a
los 4 litros por día.
d)
Cuarta Etapa: (la duración
varía de unos pocos días
a dos o tres semanas, lo que se
tarda en la instalación
de los campamentos de altura y
en ascender a la cumbre).
En general una perversa asociación
parece llevarse a cabo en esta
etapa, los montañistas
no tienen apetito, se encuentran
en la etapa de mayor demanda energética
y las dificultades de transporte
y cocción de los alimentos
se incrementa exponencialmente.
No se puede contar aquí
con las "plácidas
comodidades" del campamento
base. Desperdiciar mucho gas cocinando
puede significar que nos quedemos
sin combustible para derretir
nieve o hielo para procurarnos
agua, con todos los trastornos
que ello implica (la falta de
combustible en los campamentos
de altura puede ser un sinónimo
de deshidratación y muerte).
El agua entra en ebullición
a menor temperatura en la altura
extrema y esto prolonga el tiempo
de cocción de los alimentos.
En resumen la tendencia en esta
etapa debe ser la de incorporar
la mayor cantidad posible de calorías,
en el menor volumen y con la menor
dificultad de cocción.
Por lo general la combinación
de todos estos factores resulta
difícil de lograr, cuando
no imposible. Mas allá
de este comentario hay que tender
a consumir menúes que estén
cerca de las 4500 Kcal/día,
con una proporción de nutrientes
similar a la descripta para la
etapa anterior.
La recomendación de ingesta
hídrica para esta etapa
debe oscilar cerca de los 5 litros
por día.
7)
UTILIDAD DE LA SUPLEMENTACION
NUTRICIONAL EN LA ALTURA:
Mucho se ha hablado
de la suplementación nutricional
en los deportes en general y en
el montañismo en particular.
Mucho es también lo publicado
y/o publicitado en las revistas
científicas y de interés
general sobre la suplementación
con distintas sustancias; que
van desde los complejos vitamínicos,
a los aminoácidos, pasando
por la fosfocreatina y las distintas
combinaciones de minerales y oligoelementos;
sin entrar en el terreno de aquellos
productos considerados como dopaje
por el Comité Olímpico
Internacional.
Si nos remitimos a lo absolutamente
comprobado y demostrado científicamente,
es poco lo que podemos escribir
al respecto. Toda persona que
haga una dieta balanceada no requerirá
suplementación de ninguna
índole salvo los casos
que relatamos a continuación:
I)
Las mujeres en edad fértil
deben suplementar su dieta con
aporte de hierro por vía
oral, ya que se ha demostrado
que las reservas de hierro se
encuentran reducidas en las mujeres
que menstrúan, y el aumento
de los glóbulos rojos es
más acentuado en aquellas
que suplementan su dieta con preparados
farmacológicos con hierro.
II) Aquellas personas que se
encuentren medicadas con acetazolamida,
ya sea como profilaxis o como
terapéutica del Mal de
Montaña, deben recibir
suplemento con potasio si la
dieta que consumen no contiene
las cantidades adecuadas de
dicha sustancia.
Lo dicho puede hacerse extensivo
a todas aquellas personas que
por alguna razón se encuentren
bajo tratamiento con diuréticos.
III) Cuando se
usa el agua de deshielo para
tomar se debe tener en cuenta
que la misma carece absolutamente
de minerales, motivo por el
cual su consumo puede desencadenar
la aparición de trastornos
electrolíticos potencialmente
graves como la hiponatremia
(sodio bajo en la sangre). Lo
aconsejable es colocar en el
agua obtenida del derretimiento
de nieve o hielo, preparados
de sales especiales, llamados
Sales de Rehidratación
Oral de la O.M.S., los mismos
son de fácil transporte
y sabor agradable.
8)
EPILOGO:
Como hemos visto,
mucho es lo que nos falta todavía
para llegar a comprender la intimidad
metabólica del hombre en
la altura, algunas de las recomendaciones
que hemos dado tienden a evitar
o bien a disminuir el impacto
de estos trastornos sobre la salud
y el rendimiento físico
de los deportistas de montaña.
Creemos útil recalcar aquí
la importancia que tiene la participación
del médico especialista
en nutrición en la evaluación
clínica y la confección
de los distintos planes de alimentación
por etapas.
Los comentarios vertidos aquí
no hacen otra cosa que demostrar
que los Montañistas, como
cualquier otro deportista, pueden
verse ampliamente favorecidos
con la práctica de los
distintos estudios, mediciones
y controles que se llevan a cabo
en los centros de Medicina del
Deporte.