Una actividad científica imprescindible para un País montañoso
Introducción
La opulenta Pampa Húmeda, fuente inagotable de riquezas agropecuarias y principal campo de batalla en las disputas por el Poder en el transcurso de nuestra breve historia, se impone falazmente como dominante orográfico de todo el territorio argentino.
Sólo el legendario esplendor incaico, el genio militar de San Martín y de Güemes, los repetidos destierros de Sarmiento y algún que otro conflicto limítrofe, hacen aparecer a las montañas como protagonistas de nuestro pasado.
La Argentina, mal que nos pese, es un país montañoso; a espaldas de la mayoría y siempre a más de mil kilómetros del foco de nuestra atención, es un país montañoso. Poseemos una de las fronteras cordilleranas más extendidas del mundo, contamos dentro de nuestro territorio con la montaña más alta de la Tierra fuera del continente asiático, conforma nuestra columna vertebral la segunda cordillera en importancia después del Himalaya y el glaciar más grande fuera de los círculos polares reside en nuestra Patagonia. En nuestro país las actividades deportivas, turísticas y laborales relacionadas con la montaña, no ocuparon un espacio importante hasta fines del siglo XX, donde, al seguir la tendencia ya observada en el resto de occidente, la gente comenzó a acercarse cada vez más a las zonas agrestes, buscando emociones, esparcimiento o simplemente tranquilidad.
Los deportes de montaña, otrora reservados para una pequeña elite de aventureros, se fueron popularizando y un peligroso aluvión humano comenzó a caer sobre los parajes más recónditos y desérticos de nuestro territorio.
En el primer mundo la ciencia acompañó este fenómeno sociológico, las expediciones realizadas con fines científicos se multiplicaron e incrementaron su complejidad tecnológica, se conformaron nuevas sociedades científicas, se afianzaron las ya existentes, y se obtuvieron importantes progresos en la investigación de la fisiología y la fisiopatología humanas en la altura.
Algunos países de Latinoamérica, como Bolivia, Perú y Chile; pudieron desarrollar centros de investigación en la altura, muchos de ellos solventados con apoyo económico extranjero.
Salvo los estudios sobre fisiología realizados por el Prof. Bernardo Lozada, en las décadas del ‘60 y ‘70, y las investigaciones en arqueología de altura hechas recientemente por Contanza Ceruti, la actividad científica en la montaña ha sido casi nula en la Argentina.
Más allá de la importancia intrínseca que el desarrollo científico tiene para nuestros investigadores, los problemas vinculados con la salud de las personas y del medio ambiente, y la preservación de nuestro patrimonio histórico cultural en nuestras montañas, requieren estudios abordados en forma racional, seria e integral; exentos de conflictos de interés, y acompañados de un sólido respaldo intelectual
Rasgos orográficos de la Argentina
La Cordillera de los Andes se extiende desde Venezuela hasta Tierra del Fuego y transita a través de varios países de Latinoamérica en sus 8500 Km. de extensión.
A modo de columna vertebral, los Andes surcan la República Argentina conformando tres regiones bien definidas: el Altiplano y la Cordillera Oriental, la Región Andina Central, y los Andes Patagónicos y Fueguinos.
Abundantes y diversos son los atractivos de cada una de las regiones mencionadas.
El Altiplano y la Región Central constituyen una reserva arqueológica de gran riqueza, ya que en dichas zonas se extendió la parte meridional del Imperio Incaico.
Existen en los Andes Centrales y en la Cordillera Oriental, múltiples picos de más de 6000 metros de altura y muchos de ellos, por su difícil acceso, representan un desafío sumamente atractivo para deportistas nacionales y extranjeros.
El cerro Aconcagua, techo de América con sus 6962 metros, es un atractivo turístico importante, que concentra cada año, un número creciente de visitantes provenientes de distintas partes del mundo.
La región meridional de los Andes Centrales cuenta con múltiples áreas donde el fácil acceso a las grandes alturas puede transformar el lugar en un sitio ideal para la instalación de un laboratorio científico de altura (ej.: Cerro del Cristo Redentor a 4200 msnm).
La región andino-patagónica, con sus picos de gran dificultad técnica, resulta sumamente seductora para la práctica de la escalada.
Los fenómenos descriptos han provocado la concentración de gran cantidad de personas en las áreas montañosas; el impacto ecológico de las mismas puede ser motivo de interesantes estudios.
Nuestra Cordillera de los Andes, puede ser el lugar ideal para el desarrollo de un proyecto universitario donde distintas disciplinas científicas puedan coincidir espacialmente desarrollando proyectos de investigación con objetivos diversos.
Los estudios llevados a cabo podrían ser de gran utilidad para la preservación de la salud de la población que acceda a la altura, para el cuidado del medio ambiente y la ecología, y para la conservación de nuestro patrimonio cultural e histórico.
La medicina de montaña, reseña histórica y evolución actual
Grandes avances científicos se lograron durante los últimos 40 años en medicina de altura, la mayoría de ellos se concretaron fuera de nuestro País.
Importantes expediciones científicas se llevaron a cabo a partir de la década del ’60. Como ejemplos relevantes de las mismas podríamos mencionar: la expedición angloamericana en la Silvet Hut (Cabaña de Plata) al pie del Ama Dablam en el Himalaya (1960-1961), los trabajos del laboratorio Monte Logan, del Artic Institute en Canadá (1967-1979), la American Research Expedition to Everest (AMREE) y la expedición francesa al Numbur Peak (1981), el Denali Research Project en el Monte McKinley (1982-1990), los Operativos Everest I, II y III en cámaras hipobáricas, encarados por investigadores de los EE.UU. (1947 y 1985) y de la Unión Europea (1999) respectivamente, y los estudios realizados en el laboratorio Capanna Margherita en el Monte Rosa desde 1986 hasta nuestros días por los Dres. Oelz, Bärtsch y Maggiorini.
Los progresos científicos en el área de la fisiología del ejercicio, la nutrición y el metabolismo en la altura, facilitaron proezas como las que llevaron a cabo Edmond Hillary y Tenzing Norgay en 1953, al poner por primera vez en la historia, el pie sobre la cima más alta del Mundo.
En 1970 la elección de la Ciudad de Méjico como sede de las Olimpíadas, dio lugar a la creación de centros de Medicina Deportiva como el de Colorado Spring, ubicado a una altura semejante a la de dicha sede (2000 msnm), cuyas investigaciones contribuyeron al estudio de las modificaciones fisiológicas de los atletas de alto rendimiento en la altura.
Otros centros se crearon para la atención e investigación de las patologías causadas por la altura, ejemplos de ellos son el Hospital de Chamonix, al pie del Mont Blanc, en los Alpes; y la CIWEC Clinic y los puestos sanitarios de la Himalayan Rescue Association en Nepal.
En Perú, Chile y Bolivia se crearon estaciones para estudios fisiológicos en la altura, muy atractivas para el desarrollo de protocolos de investigación, tanto para grupos de científicos locales como extranjeros. Dichos laboratorios de altura han resultado una fuente interesante de ingresos para las instituciones que les dieron origen. Podríamos citar como ejemplo el Instituto de Investigaciones de la Altura en el Cerro Pasco, dependiente de la Universidad Cayetano Heredia, ubicado a 4340 msnm en Perú; y el Laboratorio de Física Cósmica de Chajnantor, en San Pedro de Atacama, Chile, dependiente de la Universidad de California, sito a 5050 msnm.
Laboratorios con capacidad para recrear atmósferas de hipoxia hipobárica como el del U.S. Army Environmental Medicine Institute, o de hipoxia normobária como el de la Medical University Clinic de Heidelberg, se desarrollaron en distintas partes del mundo, y la fisiología y la fisiopatología humanas en la altura comenzaron a aclararse.
Las investigaciones llevadas a cabo en nuestro País por pioneros de los estudios en la altura como Hugo Ciodi (fundador del Laboratorio de Investigaciones en la Altura de Mina Aguilar en 1948), y en la década del '60 por Bernardo Lozada, Ruben Laguens y el Antonio Ruiz Beramendi, no encontraron continuadores entusiastas, y trascendieron más en el extranjero que en nuestra tierra.
La Argentina carece de instituciones públicas o privadas que dediquen recursos a esta especialidad de la medicina.
La Sociedad Argentina de Medicina de Montaña recién comienza a dar sus primeros pasos en el dificultoso proceso de organizar y coordinar los esfuerzos en una geografía tan dilatada como la de nuestro País.
Durante el mes de enero de 2001 año un grupo de estudiantes de medicina, psicólogos y médicos encabezado por el que suscribe y tres investigadores europeos en el área de fisiología de la altura y medicina de montaña; la Dra. Conxita Leal de Barcelona, el Prof. Dr. Peter Bärtsch de Heidelberg y el Prof. Dr. Marco Maggiorini de Zurich, llevaron a cabo el primer estudio epidemiológico sobre patologías relacionadas con la altura en el área de influencia del cerro Aconcagua; los datos obtenidos fueron presentados en el mes de abril de este año en Barcelona en el marco del V Congreso Mundial de Medicina de Montaña y Fisiología de la Altura organizado por la International Society for Mountain Medicine. Dicho estudio recibió el premio de la Sociedad Española de Medicina y Auxilio en Montaña al “Mejor Trabajo Presentado”, uno de los dos galardones otorgados por los organizadores del Congreso a la labor científica.
Si tenemos en cuenta que en la Argentina las montañas se disponen de norte a sur a lo largo de toda su extensión territorial, que un porcentaje importante de nuestra población andina vive en forma permanente en zonas que superan los 3000 metros de altura, que la explotación minera de los yacimientos ubicados en la frontera con Chile se vuelve una realidad cada vez más cercana, y que la afluencia turística nacional y extranjera hacia las zonas montañosas es cada vez más numerosa, podremos concluir en que el panorama sanitario y ambiental es por lo menos complejo y requiere una seria evaluación multidisciplinaria de nuestra parte.
La salud en las montañas del mundo: Un problema sanitario que requiere atención inmediata
Un fenómeno sociocultural interesante se ha producido en los últimos 30 años en las cadenas montañosas del Himalaya y los Andes.
La llegada de un número progresivamente creciente de visitantes a dichas cordilleras ha producido cambios trascendentales desde el punto de vista cultural, económico, sanitario y ecológico.
En la década del '70 ingresaban a Nepal con intenciones de dirigirse a los picos nevados del Himalaya, aproximadamente 700 personas por año; en la actualidad ese número se ha incrementado a 30.000.
Algo semejante pudo observarse en algunos lugares particularmente atractivos para la práctica del montañismo en la Cordillera de los Andes; el Cerro Aconcagua recibe en su campamento base cerca de 4000 personas por temporada, entre los meses de diciembre y marzo, de ellas sólo el 20% son argentinos.
En Nepal el "negocio del montañismo" ha acercado el progreso, una mejor calidad de vida, educación y salud para los nativos de la región, y gracias al cobro de permisos a las expediciones se logró conseguir una importante fuente de ingresos económicos para el estado. El costo de este fenómeno lo pagaron el medio ambiente y la cultura sherpa. Millares de tubos de oxígeno vacíos y otros desperdicios, se fueron acumulando en los campamentos de altura del Everest y las costumbres de los pobladores locales se fueron "occidentalizando".
A partir de 1993, el gobierno de Nepal y empresas dedicadas al turismo en la zona, tomaron medidas para el cuidado del medio ambiente y varios proyectos se encararon con la finalidad de mejorar las condiciones ecológicas en la montaña. Algo parecido sucedió con el cuidado de la salud y seguridad de los montañeros, se instalaron múltiples puestos de socorro y ONGs como la Himalayan Rescue Association prosperaron brindando mejores condiciones sanitarias para el turismo.
La situación sanitaria actual de nuestras montañas, un problema científico complejo:
En nuestro País, más del 80% de los visitantes que ingresan al Parque Provincial Aconcagua cada temporada son extranjeros. Si bien no podemos hablar de alteraciones en la identidad cultural en nuestro caso, el control del impacto sobre el medio ambiente y el mejoramiento de las condiciones sanitarias y de seguridad, son temas que preocupan a las autoridades estatales responsables.
Un número alarmante de evacuaciones y de muertes se produce cada año en el Aconcagua, la mayoría de ellas causadas por patologías evitables.
Otras montañas muy representativas de nuestro País, como el Cerro Torre, Fitz Roy, Lanín, Domuyo, Mercedario, se encuentran en similares condiciones y con los mismos riesgos potenciales.
El problema requiere un pronto y certero diagnóstico de situación. Es imprescindible un amplio relevamiento epidemiológico de las zonas montañosas más concurridas, para determinar cómo son las condiciones ambientales y sanitarias actuales. Un primer paso ya fue dado en el Aconcagua con el estudio realizado en enero del año 2001, pero éste no debe ser un fenómeno aislado, sino el comienzo de una nueva etapa para la Medicina de Montaña en la Argentina.
A partir de los resultados obtenidos en estudios de este tipo, se podrán decidir las medidas a poner en práctica para el control y la reversión de los problemas existentes.
Las zonas montañosas de nuestro País suelen transformarse en noticia cuando sucede un accidente o las azota alguna catástrofe natural.
La información que motiva la presencia de nuestras montañas en los titulares, suele referirse a la muerte o desaparición de algún andinista, a incendios en las zonas boscosas o, esporádicamente, a alguna hazaña deportiva.
En la temporada 1999-2000, nueve montañeros fallecieron en el Aconcagua, tres víctimas fatales fueron reportadas en el Lanín, ocho militares perdieron la vida en el Cerro Tronador el año pasado y un número no establecido de personas padeció alguna forma clínica de Mal Agudo de Montaña o lesiones originadas por el frío (hipotermia, congelaciones, etc.) en nuestras montañas.
La facilidad con que se puede acceder a las grandes alturas y la "necesidad" de acotar al máximo el tiempo de duración de las expediciones comerciales, han incrementado la prevalencia de las enfermedades desencadenadas por la altura.
El problema adquiere dimensiones importantes y configura una situación sanitaria compleja en zonas como el Parque Provincial Aconcagua.
De acuerdo a los resultados obtenidos en el Estudio de Prevalencia de Mal Agudo de Montaña (EPMAM Aconcagua 2001), el 39% de quienes intentan escalar el "Coloso Andino" presentan formas clínicas moderadas a severas de Mal Agudo de Montaña. Dicho estudio ha permitido determinar la presencia de variables epidemiológicas correlacionadas con una mayor incidencia de esta patología, y esto ha facilitado la tarea de establecer un programa preventivo para las temporadas venideras que permita reducir la demanda asistencial y la presencia de formas clínicas graves que requieran evacuación.
El otro punto que demanda una pronta evaluación es el impacto ambiental que están sufriendo las zonas montañosas por el acceso masivo de personas a las mismas. Más allá del problema que representan los residuos que las expediciones dejan en los campamentos base y de altura, el manejo de las excretas es un tema complicado y de difícil solución. Es sabido que por efecto del frío, por encima de los 5000 metros los procesos de degradación y descomposición de la materia fecal no se producen, y las excretas se acumulan sin biotransformarse produciéndose un inevitable fenómeno de acumulación. De no tomarse medidas al respecto los niveles de contaminación, y por ende las condiciones sanitarias de los campamentos, podrían volverse sumamente peligrosas desde el punto de vista infectológico.
Se debe tener en cuenta que el agua que se consume en los campamentos de altura se obtiene de derretir nieve o hielo, y que la temperatura de ebullición del agua en la altura disminuye a medida que se va ascendiendo, la desgraciada combinación de estos fenómenos puede facilitar el contagio de enfermedades, si existe contaminación fecal de los hielos.
Epílogo
En la montaña, subestimar la dificultad puede tener un costo muy alto .
En la montaña, amilanarse ante la dimensión de un objetivo, desemboca irremediablemente en el fracaso.
El éxito en un proyecto deportivo en la altura, surge del lógico balance entre la prudencia, el arrojo y la perseverancia.
Curiosamente, estos mismos conceptos pueden ser aplicados, perfectamente, a la investigación científica.
Intentamos retomar, en nuestro país, los viejos principios de armonía entre la ciencia y el montañismo.
Pueden existir dificultades, es cierto, pero del otro lado existe interés, existe un programa y un espacio físico e intelectual donde desarrollarlo.
La pregunta puede ser: ¿Por qué hacer frente a estas dificultades?
La respuesta podría resumirse con la famosa frase de George Leigh Mallory *: "Porque están ahí."
* George L. Mallory: Alpinista inglés fallecido en 1924 en la cara norte del Everest. Pronunció la citada frase ante la pregunta de un periodista acerca de la razón que lo impulsaba a escalar montañas.
Dr. José Carlos Pesce
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